En 1900, durante la Rebelión de los Bóxers, Italia envió un cuerpo expedicionario de 1.500 soldados a China para proteger sus "concesiones" (territorios arrebatados a la fuerza). Los italianos participaron en la batalla de Pekín, sufrieron bajas y obtuvieron una colonia (el enclave de Tientsin, hoy Tianjin). Ese enclave se mantuvo hasta 1947, cinco años después de que Italia perdiera la Segunda Guerra Mundial.
Pero Italia nunca habla de esto. Sus libros de texto lo reducen a una nota al pie. Y hay una razón oscura: fue la guerra más vergonzosa de la historia italiana, un fracaso militar humillante que intentaron enterrar.
1. El contexto: Europa devorando a China
Entre 1842 y 1914, las potencias europeas (y Japón) convirtieron a China en un "pastel" geopolítico. Cada país arrancaba un pedazo:
· Hong Kong (Reino Unido, 1842)
· Kiautschou (Alemania, 1898)
· Puerto Arturo (Rusia, 1898)
· Weihaiwei (Reino Unido, 1898)
· Kwangchouwan (Francia, 1899)
Italia llegó tarde y mal. Había intentado arrebatar una concesión en 1896, pero la armada china los rechazó con cañonazos. Fue una humillación que los periódicos italianos titularon "La vergüenza de Sanmen" (por la bahía donde intentaron desembarcar). El gobierno italiano negó que hubiera ocurrido.
El dato que casi nadie sabe: El intento de 1896 fue una invasión no declarada. Italia envió tres barcos de guerra a la bahía de Sanmen (provincia de Zhejiang) con órdenes de "negociar" una base naval. El almirante chino local, Ye Zuchai, sin esperar órdenes de Pekín, disparó contra los barcos italianos y hundió uno. Italia retiró sus naves y nunca mencionó el incidente en documentos oficiales. En 1998, un historiador italiano encontró los informes de los capitanes en un archivo olvidado de la Marina. Habían sido clasificados como "secretos de estado" durante 102 años.
2. La rebelión de los Bóxers: la oportunidad de Italia
En 1900, una sociedad secreta china (los Bóxers, llamados así porque practicaban artes marciales) atacó embajadas e iglesias extranjeras en Pekín. Las ocho potencias (Japón, Rusia, Reino Unido, Francia, EEUU, Alemania, Austria-Hungría e Italia) formaron una alianza para aplastar la rebelión.
Italia envió:
· 1.500 soldados (la mayoría reclutas sin experiencia)
· 3 buques de guerra (obsoletos, de la década de 1880)
· 4 cañones de montaña (que se encasquillaban cada tres disparos)
El papel de Italia en la batalla: Los italianos llegaron tarde (dos semanas después de que comenzara la ofensiva). Se les asignó la zona más segura: la puerta sur de Pekín, donde los Bóxers ya habían huido. Aun así, perdieron 12 soldados (por fuego amigo de los alemanes y por pisar sus propias minas). El general italiano, Fiorenzo Bava-Beccaris (el mismo que había masacrado civiles en Milán dos años antes), fue condecorado por "valor excepcional" a pesar de que nunca vio combate.
La anécdota que nadie cuenta: Durante la batalla, un soldado italiano llamado Giuseppe Pedrazzini disparó su fusil hacia una muralla vacía. La bala rebotó en una piedra y mató a un bó Xer que estaba agachado al otro lado. El ejército italiano declaró a Pedrazzini "el único italiano que mató a un enemigo en combate". Le dieron una medalla de plata. Pedrazzini murió en 1932 en un manicomio, diagnosticado con "delirio de grandeza".
3. La colonia que Italia no quería: Tientsin (Tianjin)
Como recompensa por participar en la alianza, Italia recibió un enclave comercial en Tientsin (hoy Tianjin), una ciudad portuaria a 130 km de Pekín. La concesión italiana tenía:
· Superficie: 0.5 km² (la más pequeña de todas las concesiones extranjeras)
· Población: 7.000 chinos, 350 italianos (comerciantes, misioneros y 50 soldados)
· Infraestructura: Un cuartel, una iglesia, un club de caballeros, una fábrica de pasta (que producía espaguetis para los italianos) y una cárcel donde se torturaba a chinos que protestaban.
El dato ridículo: La concesión italiana era tan pequeña que los soldados italianos patrullaban a pie (no tenían caballos ni vehículos). Los comerciantes chinos la llamaban "Yìdàlì Xiǎo Jiē" (Pequeña Calle Italia). Para sentirse importantes, los italianos construyeron un arco de triunfo de 6 metros de altura en la entrada. Sigue en pie hoy, aunque convertido en una tienda de bicicletas.
4. El dato que casi nadie sabe (y que es profundamente embarazoso)
En 1915, Italia intentó ampliar su concesión durante la Primera Guerra Mundial, aprovechando que las otras potencias estaban distraídas. Envió un ultimátum al gobierno chino: "cedednos otro kilómetro cuadrado o invadimos Pekín". China, que estaba en plena guerra civil entre señores de la guerra, no respondió.
Italia entonces hizo algo increíblemente estúpido: Envió un único barco de guerra, el San Marco, a bombardear el puerto de Tientsin. El barco disparó 17 proyectiles. 15 cayeron al mar. Uno impactó en un almacén de algodón (vacío). Otro mató a una vaca en una granja a 3 km de la costa. No hubo más bajas.
El gobierno chino, ofendido por la ridiculez de la operación, declaró: "Italia es un país de payasos armados". La Liga de Naciones (recién creada) no intervino. Italia retiró el ultimátum y nunca volvió a mencionar el incidente. Los archivos italianos lo clasificaron como "misión diplomática secreta".
La vaca tiene nombre: El animal se llamaba "Flor de Loto" (según los registros de la granja). Los periódicos chinos de la época titularon "La guerra de la vaca: Italia derrotada por un bovino". Mussolini, años después, prohibió cualquier mención a este evento en los libros de texto escolares.
5. La vida en la "Pequeña Italia" china
Entre 1900 y 1943, la concesión italiana en Tientsin fue un microcosmos absurdo:
· Las leyes: Se aplicaba el código penal italiano, pero los jueces eran comerciantes sin formación. En 1922, un juez italiano condenó a un chino a 20 años de cárcel por robar una gallina. El mismo juez absolvió a un italiano que había apuñalado a un chino porque "el cuchillo se resbaló".
· La economía: Italia intentó vender productos chinos en Europa con etiquetas italianas ("Té de Tientsin, importado de Italia"). Los británicos descubrieron el fraude en 1925 y forzaron a Italia a detenerlo.
· La resistencia: Los chinos de Tientsin organizaban boicots cada 10 de noviembre (aniversario de la "guerra de la vaca"). Quemaban banderas italianas y cantaban canciones burlonas. Los soldados italianos no podían detenerlos porque solo tenían 50 hombres para toda la concesión.
El dato más triste: En 1937, Japón invadió China y ocupó Tientsin. Los italianos, que eran aliados de Japón (Eje Roma-Berlín-Tokio), no opusieron resistencia. Simplemente entregaron su concesión a los japoneses a cambio de que les dejaran quedarse en sus casas. Los 350 italianos vivieron como "prisioneros de lujo" hasta 1943, cuando Japón, enfadado porque Italia se rindió a los Aliados, los metió a todos en un campo de concentración. 12 murieron de hambre.
6. El borrado de la memoria histórica
Terminada la Segunda Guerra Mundial, China recuperó Tientsin en 1947. Italia, en ruinas, ni siquiera mencionó la pérdida de su colonia. Los libros de texto italianos hasta los años 90 decían: "Italia participó en la expedición internacional a China en 1900" sin más detalles.
El borrado activo: En 2008, un profesor de historia italiano llamado Marco del Bene publicó un libro titulado "La colonia invisible: Italia en China 1900-1947". Intentó presentarlo en escuelas. El ministerio de educación italiano le dijo que "el tema no es relevante para el currículo". Del Bene consiguió que 12 escuelas lo aceptaran como lectura voluntaria. En 2012, un grupo de diputados de extrema derecha pidió que se retirara el libro porque "mancha el honor del ejército italiano". No lo consiguieron, pero las ventas cayeron un 80% tras la controversia.
El dato definitivo: Hoy, la antigua concesión italiana en Tianjin es un parque temático de su propia historia. El gobierno chino ha restaurado los edificios coloniales y los ha convertido en cafeterías, tiendas de souvenirs y un museo... donde no se menciona a Italia. Las placas dicen: "Zona histórica de concesiones extranjeras" sin especificar qué país. Los turistas chinos se fotografían bajo el arco de triunfo italiano sin saber que una vez ondeó allí la bandera de Mussolini.
"Italia fue a China para ser imperio. Y lo que consiguió fue una calle, una vaca muerta y un arco de triunfo ridículo. La historia a veces no es épica. A veces es una comedia de errores con uniformes elegantes y mala puntería. Pero el silencio sobre esta aventura colonial no es casual: los imperios prefieren recordar sus victorias, no sus meteduras de pata. El problema es que, cuando borras tus fracasos, también borras las lecciones. Y las lecciones de la 'Pequeña Calle Italia' son claras: llegar tarde, mal y con pocas balas es la peor manera de intentar dominar el mundo."
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