La cosa que casi nadie sabe (pero que es uno de los episodios más brutales, olvidados y reveladores de la historia medieval de Galicia: las Revueltas Irmandiñas de 1467-1469, la mayor revuelta popular contra la nobleza feudal en la Europa del siglo XV).
Mientras en el resto de Europa las revueltas campesinas solían ser locales y rápidamente aplastadas, en Galicia un ejército de “irmandiños” (hermanos) formado por campesinos, artesanos, hidalgos menores y hasta clérigos se levantó en armas contra los abusos de los señores feudales. Fue una guerra civil a gran escala que destruyó decenas de castillos y fortalezas, y que por un breve periodo logró poner de rodillas a la nobleza más poderosa del reino de Castilla.
Aquí va la profundidad que hace que este hecho sea tan impactante y poco conocido fuera (y a veces dentro) de Galicia:
1. El contexto de opresión extrema. A mediados del siglo XV, Galicia sufría una “segunda servidumbre”: los nobles (muchos de ellos linajes como los Andrade, los Moscoso o los Lemos) imponían tributos abusivos, “malos usos” (derechos feudales que incluían abusos sexuales, confiscaciones arbitrarias y trabajos forzados), y usaban sus castillos como centros de saqueo. Los campesinos vivían en la miseria mientras los señores guerreaban entre sí. La monarquía castellana estaba débil y lejos, lo que permitió que la revuelta creciera.
2. La organización sorprendente. Los irmandiños formaron “hermandades” (asociaciones juradas) en las siete provincias gallegas. Elegían capitanes, tenían un “santo” protector (Santiago) y un programa político claro: “libertad” frente a los “tiranos”. Llegaron a reunir entre 60.000 y 100.000 hombres (cifras enormes para la época). No era una turba desorganizada: atacaron sistemáticamente castillos, derribaron torres y ejecutaron o expulsaron a nobles. En pocos meses destruyeron o dañaron más de 100 fortalezas, muchas de las cuales nunca se reconstruyeron del todo.
3. Líderes carismáticos y momentos épicos. Uno de los más famosos fue Pedro de Pardo de Cela, un hidalgo que se unió a la causa popular. Otro fue el canónigo Alonso de Lanzós. Hubo batallas legendarias, como el asedio al castillo de Vimianzo o la toma de la Torre de Andrade. La revuelta tuvo incluso apoyo inicial de algunos sectores del clero y de la monarquía (la reina Isabel la Católica vio en ella una forma de debilitar a la nobleza gallega rebelde).
4. El final trágico y sus consecuencias. En 1469, los nobles, aliados con tropas castellanas y portuguesas, contraatacaron y aplastaron la revuelta. Miles de irmandiños fueron ejecutados, torturados o exiliados. Pedro de Pardo de Cela fue decapitado en 1483 después de una resistencia final. La represión fue feroz: se reforzaron los privilegios nobiliarios y se impuso un silencio histórico sobre el episodio. Durante siglos, la historiografía oficial lo minimizó o lo presentó como simple “bandolerismo”.
5. Por qué es polémico y relevante hoy. Las Revueltas Irmandiñas son vistas por algunos como el primer gran movimiento “proto-nacional” o popular gallego contra la opresión central y feudal. Representan un momento en el que el pueblo gallego se organizó masivamente por justicia social, siglos antes de las revoluciones modernas. Hoy sigue siendo un símbolo en debates sobre identidad gallega, memoria histórica y lucha contra el poder abusivo. Muchos castillos que ves en ruinas por Galicia (como los de la Costa da Morte o el interior) deben su estado actual, en parte, a esta revuelta. Es un capítulo que el sistema educativo español ha solido pasar por alto, pero que los historiadores gallegos rescatan como prueba de que Galicia no fue solo “periferia sumisa”.
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