La cosa que casi nadie sabe (pero que está rompiendo uno de los pilares fundamentales de la biología y la química de la Tierra: el “oxígeno oscuro” producido en el fondo del océano sin una gota de luz solar).
En julio de 2024, un equipo internacional de oceanógrafos (liderado por Andrew Sweetman de la Scottish Association for Marine Science) publicó en la revista Nature Geoscience el descubrimiento más desconcertante de la última década en ciencias marinas. Durante una expedición al Clarion-Clipperton Zone (una vasta llanura abisal en el Pacífico a 4.000-6.000 metros de profundidad, entre Hawái y México), encontraron que unas “patatas” metálicas del tamaño de una patata —los nódulos polimetálicos— generan oxígeno de forma continua… en completa oscuridad.
Aquí va la profundidad que hace que este hallazgo sea una bomba silenciosa que casi nadie fuera de los laboratorios de oceanografía conoce con detalle:
No es fotosíntesis ni nada que conozcamos. Hasta ahora, el dogma científico era absoluto: todo el oxígeno de la Tierra proviene (directa o indirectamente) de plantas, algas y cianobacterias que usan la luz solar. En las profundidades abisales, donde no llega ni un fotón de luz desde hace millones de años, la vida solo podía sobrevivir consumiendo oxígeno que “llovía” desde arriba. Pero estos nódulos (compuestos de manganeso, hierro, cobalto, níquel y otros metales) producen O₂ por sí solos. Los investigadores midieron hasta 100 veces más oxígeno del esperado en zonas donde no debería haberlo.
El mecanismo es aún más loco: electrolisis natural. Los nódulos actúan como baterías geológicas. Su superficie crea diferencias de voltaje (hasta 0,95 voltios) que separan el agua de mar en hidrógeno y oxígeno, como una célula electrolítica natural. Es un proceso geoquímico que nadie había imaginado a esta escala. Experimentos en el barco y en laboratorio confirmaron que los nódulos siguen produciendo oxígeno incluso después de ser sacados del agua.
Cambia todo lo que creíamos sobre la vida en la oscuridad. Esta “respiración oscura” podría sostener ecosistemas enteros en las profundidades: bacterias, corales de aguas profundas, gusanos, crustáceos y criaturas que ni siquiera tienen nombre aún. Además, implica que la producción global de oxígeno en el planeta es mucho mayor y más diversa de lo que los modelos climáticos actuales calculan. Si se confirma a escala planetaria, habrá que reescribir capítulos enteros de biogeoquímica.
Implicaciones prácticas y éticas urgentes. La misma zona del Clarion-Clipperton Zone es el objetivo principal de la minería submarina de metales para baterías de coches eléctricos y tecnología verde. Las empresas ya tienen licencias para extraer millones de toneladas de estos nódulos. Pero si los quitamos, podríamos estar apagando literalmente la “luz” (el oxígeno) que mantiene viva una parte desconocida del océano. El descubrimiento ha detenido temporalmente algunos planes de explotación y ha generado un debate feroz en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos.
Y la conexión más profunda con la astrobiología: si este proceso ocurre aquí, podría ocurrir en otros mundos. Luna Europa (de Júpiter) o Encélado (de Saturno) tienen océanos subterráneos con posibles nódulos metálicos y energía geotérmica. De repente, la posibilidad de vida microbiana en esos lugares se vuelve mucho más plausible… sin necesidad de luz solar.
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